Boca empató con sabor a injusticia y definirá su clasificación ante Universidad Católica

En una noche intensa en La Bombonera, el Xeneize igualó 1-1 ante Cruzeiro por la quinta fecha de la Copa Libertadores.
DEPORTES20/05/2026

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Entre decisiones arbitrales polémicas y un rendimiento con dos caras, el equipo de Paredes dejó escapar dos puntos clave y ahora está obligado a ganar la próxima semana.

Boca vivió una noche de alta tensión en La Bombonera. El empate 1-1 ante Cruzeiro dejó una sensación ambigua: por momentos fue superior, generó situaciones claras, pero terminó condicionado por decisiones arbitrales que marcaron el desenlace.

Desde el inicio, el equipo mostró una postura agresiva. Presionó alto, recuperó la pelota lejos de su arco y utilizó bien el ancho del campo, especialmente por el sector izquierdo. Esa intensidad tuvo su premio a los 15 minutos: tiro libre de Paredes al área y aparición de Miguel Merentiel con un potente remate para el 1-0 y el desahogo de toda la tribuna.

El primer tiempo dejó una imagen clara: Boca fue más y el resultado quedó corto. Aun así, sobre el cierre comenzaron a aparecer señales de un problema recurrente: tras ponerse en ventaja, el equipo retrocede, cede la iniciativa y pierde protagonismo.

El segundo tiempo profundizó esa tendencia. Boca se replegó con una doble línea de cuatro, apostando a la recuperación y la salida rápida, pero sin éxito. Cruzeiro, sin ser avasallante, empezó a manejar la pelota y a inclinar el campo. El dominio se reflejó en la posesión y en la sensación de peligro latente.

A los 53 minutos llegaría la polémica del empate: en la jugada previa al gol de Fagner hubo una mano que no fue sancionada. El tanto subió al marcador y el partido cambió definitivamente de tono. Algo de responsabilidad de brey en el tanto.

Con el correr de los minutos, el duelo se volvió más friccionado, más físico y más emocional. A los 68’, Cruzeiro se quedó con diez jugadores por la expulsión de Gerson, luego del planchazo a Paredes que lo dejo tendido en el suelo lo que parecía abrirle una puerta a Boca. Sin embargo, el equipo no logró capitalizar la superioridad numérica con claridad.

Hubo empuje, más voluntad que juego. El juvenil Aranda tuvo una gran acción a los 79 minutos, pero el arquero brasileño respondió y se convirtió en figura. Boca insistía, pero sin precisión.

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El tramo final fue directamente polémico. A los 90+2, Merentiel convertía el 2-1, pero el gol fue anulado por una supuesta mano previa de Delgado, en una decisión muy discutida. Minutos después, una clara mano dentro del área tras un rebote —reclamada por todo Boca— no fue revisada por el VAR. El árbitro Valenzuela dejó seguir y el partido se cerró en medio de la indignación.

Las reacciones post empate no tardaron en llegar. Paredes fue claro: “Dependemos de nosotros y lo vamos a hacer lo mejor posible. Creamos mucho, pero nos está costando convertir”. En tanto, el análisis interno también apuntó al arbitraje: “Da vergüenza lo que hizo el árbitro”. Por su parte, el entrenador Claudio Úbeda remarcó: “Me sorprende que no se haya revisado la mano del final. Fue clarísima”.

Más allá de la bronca, el resultado deja a Boca en una situación límite pero aún favorable: depende de sí mismo. Deberá vencer a Universidad Católica de Chile el próximo jueves en La Bombonera para asegurar la clasificación.

Fue una noche de Copa: intensa, polémica y cargada de emociones. Boca tuvo las herramientas, pero entre sus propias limitaciones y fallos arbitrales, dejó escapar una victoria que parecía al alcance. Ahora, no hay margen de error.

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